
Los análisis pesimistas aparecieron cuando era inminente el fin de su reinado. Pero un día volvió, y entonces su 2008 ya no es una "catástrofe". Eso sí: está lejos de recuperar la cima del ránking
Muerto el rey?, ¡que viva el rey! Ahora se lo atribuirán a la lógica -de no poder vivir siempre en lo más alto-, a esa crisis de confianza que lo llevó a perder partidos insólitos… Pero fue, en gran parte, culpa de Rafael Nadal que un día Roger Federer dejara de ser el número uno del mundo. Lo explican las propias estadísticas, increíbles de un lado, no tan malas del otro.Con el cambio de mando consumado, la prensa del mundo se deshizo en (merecidos) elogios para Rafa, al que tomó como fetiche: casualmente las odas al español provenían desde los mismos sectores que tanto lo habían castigado por ser "sólo un jugador de polvo de ladrillo"; en definitiva, por no ser número uno.Es que el ránking se ha erigido en la gran obsesión del mundo del tenis, como lo son los récords (más que las medallas, incluso) para los Juegos Olímpicos. "De los segundos no se acuerda nadie", suele recordar ese maldito proverbio futbolero. Y en una verdadera época dorada de este deporte, con tres potenciales número uno y una interesante camada de promesas detrás, la frase ha migrado también a este terreno.Es cierto, el suizo logró la reivindicación a partir del reciente triunfo en el US Open, luego de haber cosechado sólo dos títulos en el año, los de Estoril y Halle. O sea, ningún Masters Series y, hasta ayer, ningún Grand Slam, los torneos más importantes. Pero llega entonces el momento de elegir la vara con la que se medirá su rendimiento durante 2008. Las opciones son dos: compararlo con Nadal y compararlo con el resto. El primer ejercicio es sencillo. Lo que logró el español esta temporada ya fue calificado con todos los adjetivos del diccionario y llevó a que, injustamente, se trazara un paralelo entre lo que venía ganando Federer y lo (poco) que ganó últimamente. En realidad, la cuestión es simple, porque buena parte de lo que no se adjudicó el suizo se lo llevó el español.Lo segundo tiene otras variables, porque entra en juego tanto el nivel de los rivales (por caso, Novak Djokovic se consolidó definitivamente y Andy Murray ya es un interesante competidor) como así también aspectos propios de su juego. Es innegable que Federer bajó su rendimiento en determinados momentos, pero no menos real que Nadal dio una vuelta más de rosca para lograr lo que no pudo, por poco, el año pasado: vencerlo en Wimbledon.En definitiva, sus resultados en los Grand Slam no son nada malos: llegó a una semifinal (Australia), a dos finales (Roland Garros y Wimbledon) y festejó en el último (US Open). Tanto que el único que lo supera es Nadal, con dos títulos y dos semifinales. Más preciso para medir esto es la Carrera de Campeones, el ránking que suma únicamente los puntos del año. Allí Roger está segundo, lejos del español, claro.Parece mentira: el Nº1 está lejosComprender la mecánica del sistema de puntuación de la ATP es lograr una mayor dimensión de todo lo que ha hecho Federer en los últimos cinco años. Sin ir más lejos, esta semana, en la que resurgió con su quinta corona en Flushing Meadows, se alejó aún más de Nadal, quien completó su mejor performance en el Abierto de los Estados Unidos y entonces pudo engrosar su puntuación.Peor todavía, recuperar el número uno del mundo es una tarea que le llevará varios meses, salvo que medie una catástrofe. Para empezar, en lo que queda del año, Rafa pone en juego apenas 795 puntos contra los 1.325 que defiende el helvético. Una enormidad…Paradójicamente, el gran problema de Federer fue que acostumbró al resto de los mortales a ganar demasiado y a superarse cada día. Naturalizó sus hazañas y, claro, cada derrota fue vista como algo casi fuera de lugar. Ayer volvió cuando menos se lo esperaba. El certificado de defunción puede descansar tranquilo en el cajón. Que viva el rey.
Fuente: Infobae
Muerto el rey?, ¡que viva el rey! Ahora se lo atribuirán a la lógica -de no poder vivir siempre en lo más alto-, a esa crisis de confianza que lo llevó a perder partidos insólitos… Pero fue, en gran parte, culpa de Rafael Nadal que un día Roger Federer dejara de ser el número uno del mundo. Lo explican las propias estadísticas, increíbles de un lado, no tan malas del otro.Con el cambio de mando consumado, la prensa del mundo se deshizo en (merecidos) elogios para Rafa, al que tomó como fetiche: casualmente las odas al español provenían desde los mismos sectores que tanto lo habían castigado por ser "sólo un jugador de polvo de ladrillo"; en definitiva, por no ser número uno.Es que el ránking se ha erigido en la gran obsesión del mundo del tenis, como lo son los récords (más que las medallas, incluso) para los Juegos Olímpicos. "De los segundos no se acuerda nadie", suele recordar ese maldito proverbio futbolero. Y en una verdadera época dorada de este deporte, con tres potenciales número uno y una interesante camada de promesas detrás, la frase ha migrado también a este terreno.Es cierto, el suizo logró la reivindicación a partir del reciente triunfo en el US Open, luego de haber cosechado sólo dos títulos en el año, los de Estoril y Halle. O sea, ningún Masters Series y, hasta ayer, ningún Grand Slam, los torneos más importantes. Pero llega entonces el momento de elegir la vara con la que se medirá su rendimiento durante 2008. Las opciones son dos: compararlo con Nadal y compararlo con el resto. El primer ejercicio es sencillo. Lo que logró el español esta temporada ya fue calificado con todos los adjetivos del diccionario y llevó a que, injustamente, se trazara un paralelo entre lo que venía ganando Federer y lo (poco) que ganó últimamente. En realidad, la cuestión es simple, porque buena parte de lo que no se adjudicó el suizo se lo llevó el español.Lo segundo tiene otras variables, porque entra en juego tanto el nivel de los rivales (por caso, Novak Djokovic se consolidó definitivamente y Andy Murray ya es un interesante competidor) como así también aspectos propios de su juego. Es innegable que Federer bajó su rendimiento en determinados momentos, pero no menos real que Nadal dio una vuelta más de rosca para lograr lo que no pudo, por poco, el año pasado: vencerlo en Wimbledon.En definitiva, sus resultados en los Grand Slam no son nada malos: llegó a una semifinal (Australia), a dos finales (Roland Garros y Wimbledon) y festejó en el último (US Open). Tanto que el único que lo supera es Nadal, con dos títulos y dos semifinales. Más preciso para medir esto es la Carrera de Campeones, el ránking que suma únicamente los puntos del año. Allí Roger está segundo, lejos del español, claro.Parece mentira: el Nº1 está lejosComprender la mecánica del sistema de puntuación de la ATP es lograr una mayor dimensión de todo lo que ha hecho Federer en los últimos cinco años. Sin ir más lejos, esta semana, en la que resurgió con su quinta corona en Flushing Meadows, se alejó aún más de Nadal, quien completó su mejor performance en el Abierto de los Estados Unidos y entonces pudo engrosar su puntuación.Peor todavía, recuperar el número uno del mundo es una tarea que le llevará varios meses, salvo que medie una catástrofe. Para empezar, en lo que queda del año, Rafa pone en juego apenas 795 puntos contra los 1.325 que defiende el helvético. Una enormidad…Paradójicamente, el gran problema de Federer fue que acostumbró al resto de los mortales a ganar demasiado y a superarse cada día. Naturalizó sus hazañas y, claro, cada derrota fue vista como algo casi fuera de lugar. Ayer volvió cuando menos se lo esperaba. El certificado de defunción puede descansar tranquilo en el cajón. Que viva el rey.
Fuente: Infobae


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